Web II.jpg

Felipe Leal

Federico Campos: En su obra y en su forma de expresarse habla de la apertura; en la docencia con tareas de visitar museos o edificios en su clase de los viernes. Lo que hizo en Plaza Garibaldi con la estrategia de eliminar barreras, eliminar barreras en azoteas generando roof gardens, la intervención en la calle Madero. Su programa de radio. ¿Es la apertura el tema central de su quehacer?

Felipe Leal: Si, mira, lo tengo hasta en mi propio conducta. Si voy en la calle y hay una persona frente de mi y empieza a deambular y no te deja pasar, es una de las peores cosas que me puedes hacer. Tiene además un sentido mas allá de lo físico, que lo físico es que no te deja avanzar pero en lo simbólico es que no te deja avanzar en tu vida, en tu acción, en lo que quieres hacer. Eliminar barreras es todo un tema. Tu puedes armar proyectos en la vida para nada mas eliminar barreras. Estamos llenos de vialidades arquitectónicas. Las vialidades son barreras, las banquetas, el mobiliario, los postes, en veces los árboles. Hay una gran cantidad de barreras físicas y virtuales que nos impiden ver la belleza de la naturaleza. No solo de la naturaleza creada sino de la neonaturaleza que es la que hemos hecho en las ciudades. La naturaleza de Chihuahua, lo que era endémico ya no existe, ya está totalmente modelado por la mano humana y en ese caso como uno de los temas principales que tengo es eliminar barreras. Las físicas para llegar a un lugar, ya sea una rampa, una escalera. Digamos, facilitar la accesibilidad. Algo que me agrada mucho es la transparencia. El poder dar claridad hacia donde te diriges. Me opongo en ese sentido al laberinto. 

 

Con su programa de radio y ahora de televisión y la docencia, ¿busca usted romper barreras culturales para dar a conocer valores arquitectónicos?

Tiene que ver con eso. El que yo dedique parte de mi tiempo de mi vida profesional a la difusión de la arquitectura, la divulgación por diversos medios, a la docencia, a la transmisión del conocimiento, es precisamente para poder ayudar a eliminar barreras culturales. Al público o estudiantes de arquitectura o profesionales, que sean consientes sobre la gran cantidad de barreras con las que vivimos cotidianamente. Una barrera es el desconocimiento. Es un poco abrir los ojos, que es eliminar una barrera. A eso le dedico mucho tiempo. Me gusta compartir lo que se, lo que pienso o lo que observo.

 

Menciona en referencias arquitectónicas a Alvar Aalto pero también una pasarela de un aeropuerto, un avión, un muelle. Estas ideas aparecen en sus obras. Pero otras referencias son al mundo del arte. Podría contar algo de sus relaciones con artistas? Clientes o colaboradores como Vicente Rojo, Jorge Yazpik, Gabriel García Márquez, Susana Zabaleta. ¿Qué buscan ellos extraer de la arquitectura? ¿Qué extrae usted de ellos?

Todo el dialogo que he tenido con ellos, y que tengo, es un dialogo de iguales. En ningún momento siento una inferioridad,  sin caer en una actitud petulante. Platico con Susana Zabaleta, es mi gran amiga, es una mujer muy sensible. Compartimos sensibilidades a nivel estéticas, generacionales. Compartimos una serie de gustos por el vivir, por el comfort. En ese momento uno no se debe sentir en desventaja sino en paralelo. Con Jorge Yazpik llevo una relación de amistad y profesional muy grande, somos muy amigos y compartimos muchas reflexiones y análisis sobre la vida; me pide mi opinión sobre sus piezas y el me da opinión sobre las mías. Aún con García Márquez, es un hombre de respeto, es un figurón de la literatura del siglo XX pero el sentido es establecer un dialogo en común. Él me decía algo y me seguiría algo y no es que no fuera a defender mis ideas, uno da sus argumentos y en un momento hasta con bromas yo le decía: no le estoy enmendando ninguna plana de tu nueva novela mi estimado Gabo (risas). Es muy respetuoso, sumamente respetuoso.

Lo que yo he descubierto es que cuando las personas son creativas y conocen el proceso de creación, son sumamente respetuosos con los demás. Los más irrespetuosos son los que no conocen la estructura del proceso creativo. He tenido la suerte de trabajar con muchos artistas, pintores, escritores, Muchísimos. Y son muy respetuosos del proceso creativo. Pero los peores clientes que he tenido no conocen ese proceso, creen que por unos dibujitos creen que uno puede producir y generar ideas de la noche a la mañana y que un dibujo no tiene un valor, una idea o una sugerencia espacial.

 

¿Cuando fue parte de la Autoridad del Espacio Público del gobierno del Distrito Federal, trabajaba con lo político, la política. ¿El resultado de los trabajos, el éxito que han tenido, es algo que visualizaban o superó las expectativas?

Creo que en todos los casos superaron las expectativas. En el trabajo de lo público creo que he tenido la fortuna de trabajar con dos personas para mí muy importantes, han sido enormemente sensibles ante la arquitectura, es gente educada, culta, visionaria y con capacidad de enfrentar riesgos. Ha sido en la UNAM, Juan Ramón de la Fuente. Muchas de las obras que hicimos con la UNAM eran de reto, de riesgo y él con una cultura estética y con una visión mucho más universal, aceptó que hiciéramos obras que bajo otra circunstancia no se hubieran hecho. La otra persona es Marcelo Ebrard, desde mi punto de vista un gran político, un estadista, un hombre muy completo que sabe de las implicaciones de transformar el espacio público con calidad y en la escala de lo que lo hicimos. Son casos particulares que se dan. He tenido la suerte de trabajar con dos figurones que son muy perceptivos, visionarios y que confiaron en mi. Tuvieron un enorme respeto, confiaron en mí y aceptaron muchas de las sugerencias que yo les hice y eso no se da seguido. Hay que recordar lo que decía Mies: una buena obra no se da solo con un creador de calidad o una propuesta interesante sino también por un buen cliente.

 

Mencionaba ponerse en proyectos a la par con artistas. En estos proyectos públicos ¿cómo fue ponerse a la par con los usuarios? Ha mencionado que veía a una señora mayor que leía su periódico en la Alameda a las ocho de la mañana en la renovación de la obra. Pero usted estaba ahí a las ocho de la mañana trabajando, investigando.

La interacción con los actores sociales fue muy interesante porque lo que uno descubre no es insensibilidad: hay una gran capacidad o potencial de desarrollar la sensibilidad en amplios sectores de la población, lo que pasa y es algo que tengo comprobado es que no se les ha dado la posibilidad de desarrollarla. Eso lo dan muchas veces las universidades, los centros de estudios. Yo me enfrenté o conocí, discutí o convencí a muchísimos actores sociales que no tenían esas referencias. No era porque fueran sensibles, es que nunca se lo habían cuestionado y al dar uno argumentos, por eso repito mucho la idea de que hay que dar argumentos, hallar argumentos y tener la paciencia para convencer. Se quedaban sorprendidos: ¡ah! Ya entendí… Se emocionaban cuando entendían el porque de las cosas. Es muy bello.

 

Otra vez el tema de las barreras…

Son barreras culturales. Estamos llenos de barreras. Somos una sociedad, una ciudad llena de barreras, atavismos. Acostumbrados a los usos y costumbres. Eso está ahí porque está ahí. No algo porque aparente ser histórico o sea tradicional tiene valor. No. Hay que saber discernir y separar. Eso lo da el conocimiento y la experiencia y pienso que eso es lo que hay que compartir.

La sociedad Italiana tiene esa estética. Uno puede reconocer en la ciudad Italia muchas cosas pero tienen un criterio, lo que se llama el gusto, la educación. Hay una estética. En todo. En como te sirven un café, no se diga en todos los objetos de la vida diaria, una vajilla, un mantel, como ponen una mesa, como te sirven el aceite de olivo, o el pan, un queso, pero hasta la estética de un auto, el cinquecento (Fiat 500) ¡el Ferrari, la moda, los tacones, los relojes! Esa generalidad, si te dicen: es moda italiana, es diseño automotriz italiano, motos…¿Por qué? Es un país que se ha educado. Ha podido romper muchas barreras culturales.

Parto de que las profesiones no son únicamente… no son solo para que si estudias arquitectura o arte, lo ejercites. Siendo arquitecto puedes tener otro tipo de ejercicio que no es el tradicional, tu puedes ser un extraordinario editor de una revista, director de un museo, director de arte de una película, de guía de turistas, galerista, un promotor de arte. ¡Puedes tener un buen restaurante! ¿Cuántos arquitectos no tienen un buen restaurante? Con una estética extraordinaria, con un buen chef. O un buen hotel. El campo de la arquitectura es tan amplio que podríamos ayudar a sensibilizar más a la sociedad.

 

Sé que dialogó, conoció a Luis Barragán. ¿Puede contar su experiencia con él? ¿Otras experiencias similares?

Con Barragán lo que sucedió, es que me encontraba en su biblioteca, estaba haciendo mi tesis de maestría sobre Barragán. Lo visité en varias ocasiones, siempre fue de una gentileza sorprendente. En una de esas ocasiones le pregunté: oiga Don Luis, la escalera y ese tapanco, ¿a qué responde? ¿Por qué lo concibió así? Todo mundo esperaríamos una respuesta mucho más compleja y elaborada y no, con una enorme sencillez, porque así era: No, hombre, ese tapanquito que ves encima de la escalera es una reminiscencia de un taller de bicicletas que había en Guadalajara. Era un tapanco donde llegaban y aventaban allá arriba la bicicleta en lo que la reparaban, y siempre se me quedó grabado. Cuando hice esta casa quise reproducir esa imagen que se me quedó como fotografiada. Quedo tan grabada en mi, en mi mente, que la quise reproducir en esta casa. Es una anécdota que tengo grabada de Barragán donde me narraba el porque de eso, así como de muchas otras cosas. Decía: ahora me sorprende la complejidad y cantidad de términos y palabras con la cual explican mi obra. Ahora me estoy leyendo y me estoy creyendo lo que dicen de mi obra. Yo las hice por pasión, por amor, porque así me gustaba que fueran. Si el muro me gustaba mas alto era eso.

Pero bueno, a nivel de experiencias de obra, pues muchísimas y directas, con personajes, pero yo creo que hay unas con tres figuras claves. Una es con Teodoro González de León. Nos tocó construir el MUAC (Museo Universitario de Arte Contemporáneo) y entre los dos escogimos el terreno. En un principio una dependencia de la UNAM iba a construir el museo y lo iba a mandar a un estacionamiento. Entonces dijo que estaba muy preocupado, le dije: vamos al lugar. Fue un viernes. Nos vemos a las 12 y vamos a recorrerlo. Teodoro es muy puntual y a las 12 en punto llegó. Vamos a caminar. Y dijimos los dos: tiene que ser aquí. Fue a partir de eso que dijo: adelante. Al estar construyendo le dije: estamos cometiendo un error. No estamos realizando un estacionamiento abajo. Si vamos a hacer una plaza hay que hacer de una vez abajo el estacionamiento y dijo: Sale, va. Fue muy grato ese trabajo con él, es un figurón pero es muy flexible, confiaba en mí y lo que le sugería decía que sí. Recuerdo muy bien la elección de ese lugar y la propuesta del estacionamiento.

Otra experiencia fue con Pedro Ramírez Vázquez. Me tocó también restaurar toda la torre de Relaciones Exteriores cuando se la donaron a la UNAM. Extraordinario edificio. Llegué y en un patio había una cafetería espantosa que le habían hecho con el tiempo. Le hablé: oiga Don Pedro, voy a intervenir ese edificio pero antes, por respeto a usted, hay una cafetería ahí y quiero que me cuento quién la hizo. Habló pestes del secretario que había hecho esa cafetería. Me dijo: si la tiras ¡te lo voy a agradecer mucho! ¿Cuándo nos vemos ahí?... La tiré, lo restauré todo. Me lo agradeció enormemente.

Otra fue con Ricardo Legorreta. No se si siempre había sido así pero en los últimos años de su vida, tenía proyectos y cada vez que tenía un proyecto importante me hablaba. Quiero que veas este proyecto. Me iba a ver con una humildad. No iba yo a su despacho. Me explicaba su proyecto. Le decía: oye Ricardo, ¿y si le mueves, si le quitas? Aceptaba y movía muchas cosas. Y una vez llevó la Torre Bancomer que está construyendo en Reforma con Richard Rogers. Me dice: el delegado de la Cuauhtémoc no ha visto el proyecto. Le dije: te voy a llevar. Imagínate a Ricardo Legorreta hablándole de Rogers, de la arquitectura mundial, presentándole el proyecto al representante de los ambulantes, quien no entendía nada. Le hicieron una presentación maravillosa del edificio, de cómo iba a funcionar estructuralmente, toda una reflexión. Acaba Legorreta y el delegado le pregunta: todo muy bien pero abajo hay un pasillito con unos doce puestos de flores. ¿Qué van hacer con eso?

Miramos hacia abajo, esperamos que se fuera y dice: No, no hay remedio, que horror, lo único que le importaron fueron doce puestos de flores, en vez de entender la inversión que es para la ciudad, la sede más importante de BBVA en América Latina con un impacto de la economía enorme. Me sorprende la humildad que podía tener en ese sentido Ricardo Legorreta. ¿Te puedo ver? Ahí te llevo la maqueta. Y llegaba con su maqueta. Era muy sencillo.

 "...hay una gran capacidad o potencial de desarrollar la sensibilidad en amplios sectores de la población, lo que pasa y es algo que tengo comprobado es que no se les ha dado la posibilidad de desarrollarla."