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Miguel Milá 

Oscar Chávez.- Cuando diseñó el banco Neo-Romántico, ¿pensó en algún usuario en específico o resolver un problema en concreto?

Miguel Milá.- Lo que pasa es que nosotros vivimos la calle como una ampliación de la sala de estar, entonces, yo encuentro indispensable un mueble de la calle, un banco de la calle.

El banco, por otro lado, tiene una virtud ya que es un punto de encuentro, un nexo de unión entre la gente. Por eso a mí no me gusta el asiento individual que han hecho, que han obligado a las casas de diseño a hacer. Yo más bien era contrario a esto, pero bueno. El banco tiene que ser para tres o cuatro personas. Fundamentalmente de dos personas, donde se encuentran, se saludan, le pide uno al otro si no le importa que se siente al lado y es motivo de una conversación, a lo mejor, o simplemente una convivencia.

A mí me gusta la idea del banco. Cuando yo pensé en los bancos, para sustituir los que ya había de siempre, pensé en los defectos que tenían los de siempre, y el defecto es que eran bancos demasiado bajos y demasiado echados hacia atrás. Cuando lo hice era más joven de lo que soy ahora (sonríe), pero pensé en la gente mayor, y agradezco mucho haber pensado en ello porque ahora me siento mucho más atendido al haber considerado ésta clase de cosas.

Los que utilizan más el banco son la gente mayor, entonces hay que tomar en cuenta no solamente el sentarse, sino el levantarse con una cierta dignidad. A veces a una persona sola le es difícil levantarse. Eso me hizo pensar que las dimensiones debían estar consideradas para una persona mayor. Esa fue la principal idea.

OC.- La primera versión del banco no tenía los apoyabrazos y cuenta con una estructura más gruesa.

MM.- Sí. La estructura, al no tener el apoyabrazos es más débil. Son dos cosas distintas. Sin brazos también es más útil en cierto sentido, es más abierto a usos diversos, puedes sentarte de lado… pero bueno, la prueba es que no se ha dejado de vender el sin brazos por haber sacado el con brazos. Se venden todos porque cada uno tiene su función.

Ha habido un aumento de bancos en la calle tremendo, para suerte de los que diseñamos.

OC.- Hace poco salió en el periódico una nota sobre unos vecinos que habían exigido al Ayuntamiento de Barcelona que quitaran unos bancos de aluminio ya que los sentían muy fríos en invierno.

MM.- No es tan frío. Es más frío teórico que práctico. No es tan frío, entre otras cosas, porque es una pieza de extrusión y tiene aire dentro. Yo he constatado esto. Es frío de aspecto. La gente se queja un poco por eso, pero más frío es el hierro y hay bancos de hierro. En cambio el aluminio tiene una ventaja, que aumenta las propiedades de defensa contra la oxidación. Laintemperie es muy dura. La prueba es que la madera misma dura muy poco en su aspecto inicial, brillante, de color limpio, volviéndose gris al cabo de nada. Hay productos que retardan éste momento, pero no lo evitan. La madera acaba gris. Y el aluminio siempre está igual. Bueno, tiene un inconveniente actualmente… lo roban. Los desatornillan y lo roban.

OC.- Desafortunadamente, aunque hay algunos casos de mobiliario urbano diseñado específicamente en contra del vandalismo, para que no los pinten con grafiti o se los roben.

MM.- Si, bueno, hay cosas… yo me encontré un día un banco mío, uno individual. Una señora había tapizado todas las piezas de madera con una tela con flores. Y así lo dejó en la calle. Era “su” banco.

OC.- Y en un principio, ¿los bancos individuales fueron requerimiento de la empresa?

MM.- Si, yo no era partidario de hacerlo porque es muy difícil de colocar. Los ponen como haciendo tertulia. Es mucho mejor que la tertulia nazca espontánea y que sea un uso más libre. Con el de aluminio se puede hacer un banco de siete metros con apoyos intermedios, por ejemplo en una estación de tren.

OC. ¿Qué opina del mobiliario que está integrado a la misma arquitectura?, es decir, que no es de “línea”, que no es comprado en una tienda.

MM.- Para mi gusto tiene un inconveniente, que la arquitectura a veces sacrifica el espacio a un impacto o una visión arquitectónica. No siempre pasa esto, pero a veces ocurre que se hacen los espacios urbanos un poco para lucir un dibujo, un proyecto y que luego no responde a una necesidad. Son un poco rígidos estos espacios a veces, pero a mí me parecen muy bien. No puede ser más anti vandálico, porque ya está incorporado. Yo he hecho un banco de concreto para otra firma que no es la habitual, para Escofet, que está puesto en el anillo olímpico.

OC.- Escofet fabrica mucho de este tipo de mobiliario en concreto.

MM.- Sí. Ahí está el célebre asiento de Miralles.

OC.- Y mucho de ese tipo de mobiliario se puede considerar que “funciona” como escultura urbana.

MM.- Sí. No hay duda que es función del mobiliario urbano crear un entorno agradable…. Crear un espacio que tenga una cierta consistencia por si mismo. Está bien. A mí me gusta mucho todo lo que sea cuidar la calle. Además es socialmente muy interesante, es tener en cuenta a toda la gente. Aquí nos podemos permitir el lujo de tener el uso en la calle normal… Sólo que se llena de vehículos (sonríe).

La ciudad de Barcelona se arregló muchísimo cuando fue alcalde Pasqual Maragall. Descentralizar la ciudad y crear barrios independientes con personalidad, organización y criterios propios. Con esto se resolvió mucho urbanísticamente la ciudad. Existen unos barrios fabulosos y estupendos y la gente está muy orgullosa de sus alrededores. Eso está muy bien, que no todos tengan que ir al centro, porque acaba siendo asfixiante.

El entorno ayuda mucho. Yo estoy convencido de esto. Además la convivencia también es buena, el tener contacto permanente con las personas… Es indispensable.

OC.- Volviendo a sus bancos urbanos, si hoy le pidieran hacer uno nuevo, ¿qué trataría de resolver que con los anteriores sienta que no haya resuelto?

MM.- Es una cosa tan simple y tan sencilla… cuando me piden una cosa nueva de algo tan simple, me ponen en un aprieto. “Haz otro banco” ¿Qué me quieres decir con “otro”? (sonríe) ¿qué se venda?, que sea barato?, no se… muchas cosas. Pero como ya me conocen… Las cosas que hago duran mucho. Este año se celebra el cincuenta aniversario de una lámpara que hice en el año 61 y sigue vendiéndose, entonces lo que les he dicho es, si queréis celebrar el 50 aniversario de esta lámpara, los únicos cambios que vamos a hacer, es que sea de calidad absoluta. Que no importe el precio.

Y los bancos… Son una cosa tan sencilla y tan rápida de explicar. No hay una filosofía detrás de ella.

OC.- Bueno, la filosofía es precisamente hacer cosas que funcionen y resuelvan necesidades.

MM.- Si, yo me he educado en esto y aprendí del arquitecto José Antonio Coderch; me enseñó mucho. Mi hermano arquitecto y su socio Federico Correa estuvieron trabajando en su estudio y yo les ayudaba en temas de interiorismo. Le traté mucho y me enseñó mucho.

Me enseñó fundamentalmente a que las cosas deben hacerse por una razón estricta, funcional, que siempre se puede mejorar. Siempre puedes encontrar algún punto donde poder aportar algo. Parece que se acaba y no se acaba nunca.

Hoy en día la arquitectura sufre de una manía, que creo que ha sido introducida un poco por la moda. La moda para mi gusto es un fenómeno muy respetable y muy interesante pero aparte totalmente del diseño. Lo quieren mezclar y no se por qué se empeñan tanto en mezclarlo.

Hoy en día si dices que eres un diseñador, todo mundo se cree que eres diseñador de moda. Tienes que especificar que no eres diseñador de moda, sino otra cosa. Esto ha hecho daño, porque están todos preocupados con llamar la atención. La arquitectura está disparatándose, llamando la atención fundamentalmente y ya luego se ve si se mete algo dentro.

La inquietud por crear emoción estética debe mantenerse, evidentemente, pero dentro de un concepto absoluto de cumplir con una función.

Esa es toda mi filosofía, no es más que esto. Es un discurso que se acaba muy pronto.



"...Me enseñó fundamentalmente a que las cosas deben hacerse por una razón estricta, funcional, que siempre se puede mejorar. Siempre puedes encontrar algún punto donde poder aportar algo. Parece que se acaba y no se acaba nunca."


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