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Condición política de la arquitectura

La práctica de la arquitectura contemporánea tiene bordes difusos. La definición de arquitectura definida por triada de Marco Vitrubio Polión de venustas, utilitas y firmitas (complementada con la búsqueda de una correcta selección de un sitio para la obra) desarrollada en el tratado más antiguo de arquitectura, ha quedado corta desde hace largo tiempo. La arquitectura es una profesión rica y compleja en la cual intervienen una serie de lecturas culturales (materiales y/o visuales) a pesar de no estar previstas por su o sus realizadores. Toda obra construida ocupa un lugar, tiene una materialidad, una forma, una percepción, color, comunicación y afectación en su entorno. Es de esta manera que toda intervención en arquitectura tiene implicación urbana, tiene un costo financiero tanto para su realizador(es) así como para la ciudad o poblado donde se localiza; tiene un usuario o habitante y una sociedad a la cual se enfrenta. Es justo en esta relación con la polis y con dependencias de gobierno que rigen reglamentaciones (desde lotificaciones, impuestos y legales) y su deber con la sociedad donde se encuentra la condicionante política de la arquitectura. 

Una labor de los arquitectos es reconocer las vertientes actuales de la sociedad y evitar perderse en autocomplacencias y en obsesiones recurrentes de la profesión, comúnmente centrados en la parte compleja de la arquitectura (forma, ornamentación, escala, retórica) que olvidan la parte sutil, la respuesta a las problemáticas humanas a las cuales se debe y atiende. ¿Qué otra o mejor función que dar albergue a las instituciones sociales (la familia, la formación escolar, el espacio público, la paz espiritual)?

Otra falla de la práctica es separar en dos entidades el urbanismo y la arquitectura. Cada pieza arquitectónica tiene implicaciones urbanas, lo que las liga por naturaleza. Se necesitan la una a la otra para existir en plenitud. Tanto para reconocerse como para negarse, complementar o exaltarse. Retomando el tema del coste de las obras, esta realidad financiera es la que permite su realización. La colocación de la arquitectura dentro de las bellas artes generó una afectación en su entendimiento, viendo a menudo como una traición al oficio artístico el dar respuesta a cuestiones económicas. Este paradigma ha sido responsable de proyectos truncados que nunca vieron su realización y se quedaron en el restirador o el disco duro de una computadora. La factibilidad financiera de una vivienda unifamiliar no preocuparía tanto como proyectos con fines sociales que no se llevan a cabo por falta de una estrategia económica real. 

Encontrando la liga que une a la política, instituciones sociales, implicaciones urbanas y a la factibilidad financiera con la arquitectura es necesario complementarla con un discurso teórico, cuerpo conceptual o tradición empírica discernible que respalde, fundamente e impulse la profesión para darle valor, justificación y credibilidad ante la sociedad, dejando de ser un lujo al alcance unos pocos. 

 

Federico Campos, 2007


La siguiente ecuación engloba estos conceptos siendo una propuesta para la práctica de arquitectura: 


Arquitectura es igual a la suma de:

P= Política,
S= Instituciones sociales, 
U= Implicaciones urbanas, 
$= Factibilidad financiera, 
A= Arquitectura, 
T= Teoría o tradición 
A = P+S+U+$+A+T